Voy caminando por la carrera Séptima un primero de mayo a medio día. A diferencia de lo que sucede en los días de semana e inclusive en los demás días feriados, se ve muy poca gente caminando por el lugar. Todo está aparentemente en calma, sin embargo se respira bastante tensión en el ambiente. Paso por el monumento que sus seguidores le han hecho a Jorge Eliecer Gaitán llegando a la Avenida Jiménez. Se trata de una serie de placas conmemorativas que han venido colocando en una pared frente a lugar donde cayó herido de muerte. A pocos metros, en la esquina del edificio de El Tiempo, se encuentran cerca de veinte policías antimotines. Es algo usual para el Día de Trabajo, que trae consigo toda una serie de rituales conmemorativos.
En un día como hoy pasan por aquí diversas manifestaciones en dirección a la Plaza de Bolívar: marchan los transportadores, los maestros, los estudiantes, empleados de varios ministerios y otras entidades del Estado, los vendedores ambulantes, los desplazados y otros opositores del gobierno que se unen en el trayecto. Hay grupos dispersos de policías antimotines en distintos puntos de la Séptima, pero es en el cruce de la Jiménez con Séptima donde la fuerza policial acostumbra a ubicar un mayor número de sus efectivos, así como tanquetas y otros dispositivos antimotines.
Este lugar tiene un alto valor simbólico y representa, de muchas formas, el punto de entrada al corazón de Bogotá. Y lo es tanto por la cantidad de gente que lo cruza a diario como por las instituciones que se encuentran en cada una de las esquinas de este cruce y que representan los poderes del Estado, la Iglesia, los medios, las multinacionales y los esmeralderos.
Una vez se cruza este umbral, se llega en cuestión de minutos a la Plaza de Bolivar. Tal vez esto hace que en este punto los manifestantes aceleren la marcha y griten al unísono sus consignas (ver video*), aparezcan los agitadores, confronten a la policía, marquen con graffittis las paredes que encuentran a su paso y tiren bolsas con pintura a las fachadas del Banco de la República, el MacDonalds y El Tiempo, a la par que la policía responde con gases lacrimógenos en un combate ritual que se repite cada año sin mayores consecuencias.
Desde la década de los años treinta del siglo pasado, la Carrera Séptima ha sido el escenario donde se visibiliza el conflicto a nivel urbano. Por ello las autoridades desarrollaron varios planes de renovación (la ampliación de la antigua Calle Real entre avenida Jiménez y calle 11, la ampliación de la avenida Jiménez entre carreras sexta y octava, la apertura de las avenidas 19 y la Carrera Décima) que además de permitirles un mayor control del espacio, buscó materializar un modelo de ciudad acorde con los ideales del progreso y cambio que en ese momento constituían la opción legítima para sacar a la ciudad y al país del caos en que se encontraban.
Cuando ampliaron la Séptima entre la Plaza de Bolívar y la avenida Jiménez y construyeron los edificios aledaños a comienzos de la década de los sesenta, este espacio de la ciudad se convirtió en paradigma de lo que debía ser una Bogotá moderna, tanto por el carácter estético de su arquitectura como por la civilidad ejercida desde un Estado que retomó los principios de orden y funcionalidad del Movimiento Moderno y los tradujo en normas que han buscado infructuosamente homogenizar el espacio como estrategia para eliminar los conflictos y organizar el silencio.
* publicado en youtube por Seletiene: http://www.youtube.com/user/seletiene