Narcomuseo: una visita al Museo del Enervante

El cuerpo disecado de Zuyaqui, el perro que más droga ha detectado en México, monta guardia sobre las pistolas de oro y brillantes con logotipo de Versace de los señores del narcotráfico en el Museo militar del Enervante.

Cerca de dos decenas de armas doradas, algunas con más de cien pequeños diamantes en la culata y otras con el nombre del sicario -como “El Matadore” o “El Embajador”- grabado en el cañón, duermen en sus vitrinas, en el corazón de la sede de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), en la capital mexicana.

El lujo de la narcocultura lo exhiben toda clase de objetos incautados a capos y lugartenientes detenidos, como el teléfono móvil de oro de Daniel Pérez Rojas, “El Cachetes”, del grupo de sicarios Los Zetas, brazo armado del cártel del Golfo.

La seña de identidad de sus miembros, un colgante también de oro en forma de moneda con una Z grabada, también está allí. A su lado reposan las gafas de sol Christian Dior con patillas doradas de Benjamín Arellano Félix, “El Tigrillo”, quien fuera líder del letal cártel de Tijuana, ahora preso en EEUU.

Colgado en la pared está el blanco sombrero norteño de “El J.T.”, Javier Torres Félix, operador del cártel de Sinaloa, muy cercano a su cúpula. Por haber hay hasta una fachada de la casa de un narcotraficante sinaloense, farol incluido, y en cuya puerta de fina madera el labrado de un pistolero norteño advierte, rifle apuntado al visitante, entre plantas de marihuana, que no es morada cualquiera.

El museo guarda también armamento con menos florituras que las pistolas de oro pero bastante más mortífero, como el AK-47, rifle de asalto por excelencia del crimen organizado, al que se apoda “cuerno de chivo” por su cargador curvado.

También hay una Barrett, una ametralladora anti blindaje, y un R-15, el otro rifle de asalto predilecto del sicariato. Esta es la parte más colorista del recinto, establecido en 1985 para dar cuenta de la lucha contra las drogas en México, donde los capos se cuentan entre los más poderosos de América.

El museo, que no está abierto al público, tiene un fin didáctico, para los propios militares y para la formación de profesionales como abogados y criminólogos. En sus salas se detallan todas las acciones del Ejército en la lucha contra las drogas y continuamente llegan objetos y fotografías de detenciones y decomisos.

Una de las adquisiciones más recientes es una cuba para procesar drogas sintéticas hallada en el mayor narcolaboratorio desmantelado en el país: situado en la zona montañosa de Las Trancas, en Durango, parte del “triángulo dorado de las drogas” de México, era casi un pequeño pueblo donde el cártel de Sinaloa fabricaba hasta 100 kilos de “cristal” al día.

Cifras

10 Salas de exhibición confirman el Museo del Enervante creado desde 1985 y ampliado en el 2001 en el que sólo tienen acceso estudiantes y funcionarios.

10 Pistolas bañadas en oro con incrustaciones de diamantes sobresalen de entre todos los fusiles asegurados a la delincuencia organizada.

Datos

Homenaje. En el Museo aparece una sala especial en la que rinden homenaje a los soldados caídos.

Exposición. Muestra las joyas y armas de alto calibre y ropa estrafalaria que suelen usar los narcos.

Contradicción. También expone la ropa blindada que tienen que usar los “malos” por el temor al ataque.

Variedad. Hay artículos propiedad de los cárteles del Golfo, de Juárez, de Tijuana, de Sinaloa y de los Valencia.

Lujo. Una pistola con cachas de oro, 389 zirconios, 22 esmeraldas, con iniciales de Carrillo Fuentes.

Decomiso. Esa arma del “Señor de los Cielos” se le aseguró a “El Chapo” Guzmán en Guatemala, era un regalo.

De Javier Torres. Un sombrero Tombstone 10,000 X con oro y piedras preciosas cuando detuvieron al “J. T.”.

Del “Cachetes”. Un celular de uno de los fundadores de “Los Zetas”, Daniel Pérez, con oro y diamantes.

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http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloid=888353