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Museo del Mar

Ernesto Soto, Lorena Serna, Angélica Saavedra, Carlos Wagner y Luis Antonio Silva hicieron un recorrido por el Museo del Mar.

Catacumbas: cuerpo sobre cuerpo

Las catacumbas se encuentran debajo de la capilla de la iglesia del Convento de San Francisco de Asís en la ciudad de Lima. Se emplearon para enterrar a los muertos hasta el siglo XIX, cuando fue inaugurado el Cementerio General “Presbítero Maestro”.

Dentro de las catacumbas están enterradas 25 000 personas, cuyos restos se exponen generalmente en cajas, fosas y “arreglos” circulares, donde prima el uso de cráneos, fémures y peronés.

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Recorrido por las catacumbas

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Narcomuseo: una visita al Museo del Enervante

El cuerpo disecado de Zuyaqui, el perro que más droga ha detectado en México, monta guardia sobre las pistolas de oro y brillantes con logotipo de Versace de los señores del narcotráfico en el Museo militar del Enervante.

Cerca de dos decenas de armas doradas, algunas con más de cien pequeños diamantes en la culata y otras con el nombre del sicario -como “El Matadore” o “El Embajador”- grabado en el cañón, duermen en sus vitrinas, en el corazón de la sede de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), en la capital mexicana.

El lujo de la narcocultura lo exhiben toda clase de objetos incautados a capos y lugartenientes detenidos, como el teléfono móvil de oro de Daniel Pérez Rojas, “El Cachetes”, del grupo de sicarios Los Zetas, brazo armado del cártel del Golfo.

La seña de identidad de sus miembros, un colgante también de oro en forma de moneda con una Z grabada, también está allí. A su lado reposan las gafas de sol Christian Dior con patillas doradas de Benjamín Arellano Félix, “El Tigrillo”, quien fuera líder del letal cártel de Tijuana, ahora preso en EEUU.

Colgado en la pared está el blanco sombrero norteño de “El J.T.”, Javier Torres Félix, operador del cártel de Sinaloa, muy cercano a su cúpula. Por haber hay hasta una fachada de la casa de un narcotraficante sinaloense, farol incluido, y en cuya puerta de fina madera el labrado de un pistolero norteño advierte, rifle apuntado al visitante, entre plantas de marihuana, que no es morada cualquiera.

El museo guarda también armamento con menos florituras que las pistolas de oro pero bastante más mortífero, como el AK-47, rifle de asalto por excelencia del crimen organizado, al que se apoda “cuerno de chivo” por su cargador curvado.

También hay una Barrett, una ametralladora anti blindaje, y un R-15, el otro rifle de asalto predilecto del sicariato. Esta es la parte más colorista del recinto, establecido en 1985 para dar cuenta de la lucha contra las drogas en México, donde los capos se cuentan entre los más poderosos de América.

El museo, que no está abierto al público, tiene un fin didáctico, para los propios militares y para la formación de profesionales como abogados y criminólogos. En sus salas se detallan todas las acciones del Ejército en la lucha contra las drogas y continuamente llegan objetos y fotografías de detenciones y decomisos.

Una de las adquisiciones más recientes es una cuba para procesar drogas sintéticas hallada en el mayor narcolaboratorio desmantelado en el país: situado en la zona montañosa de Las Trancas, en Durango, parte del “triángulo dorado de las drogas” de México, era casi un pequeño pueblo donde el cártel de Sinaloa fabricaba hasta 100 kilos de “cristal” al día.

Cifras

10 Salas de exhibición confirman el Museo del Enervante creado desde 1985 y ampliado en el 2001 en el que sólo tienen acceso estudiantes y funcionarios.

10 Pistolas bañadas en oro con incrustaciones de diamantes sobresalen de entre todos los fusiles asegurados a la delincuencia organizada.

Datos

Homenaje. En el Museo aparece una sala especial en la que rinden homenaje a los soldados caídos.

Exposición. Muestra las joyas y armas de alto calibre y ropa estrafalaria que suelen usar los narcos.

Contradicción. También expone la ropa blindada que tienen que usar los “malos” por el temor al ataque.

Variedad. Hay artículos propiedad de los cárteles del Golfo, de Juárez, de Tijuana, de Sinaloa y de los Valencia.

Lujo. Una pistola con cachas de oro, 389 zirconios, 22 esmeraldas, con iniciales de Carrillo Fuentes.

Decomiso. Esa arma del “Señor de los Cielos” se le aseguró a “El Chapo” Guzmán en Guatemala, era un regalo.

De Javier Torres. Un sombrero Tombstone 10,000 X con oro y piedras preciosas cuando detuvieron al “J. T.”.

Del “Cachetes”. Un celular de uno de los fundadores de “Los Zetas”, Daniel Pérez, con oro y diamantes.

fuente >

http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloid=888353

Museo de la Policía Nacional

Recorrido por las salas dedicadas al narcotráfico en el Museo de la Policía Nacional en Bogotá. ¿Qué tipo de discurso propone?, ¿qué nos dicen sus imágenes?, ¿a qué público está dirigido?

Videoguía de Ana María Cuevas, Manuela García, Edward Díaz y Felipe Echeverri.

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casa (des) cuadrada

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Recorrido por una exposición sobre busetas en el norte de Bogotá

la donación Botero explicada a los niños

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La familia decide visitar la donación Botero y nada mejor que llevar al niño para que la conozca…

américa

Audioguía de Santiago Reyes para “America”, grabado de Johannes Stradanus. Hace parte de “Historia Natural y Política”, expuesta en la Casa Republicana del Banco de la República.

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puede descargar el archivo de audio (3.2 megas) pulsando aquí

historias naturales

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En 1904 llegó a Colombia, procedente de Francia, el Hermano Apolinar María quien, durante su ascenso por el rio Magdalena, recogió los primeros ejemplares de la extensa colección que más tarde conformaría el Museo de la Salle.

Destruido y saqueado el 9 de Abril de 1948, el museo fue reconstruido por el hermano Nicéforo María. Está localizado en el barrio de la Candelaria en Bogotá (carrera 2 # 10-70).

el mundo de los Cafés

Entramos al Café Pasaje con Manuel Hernández, quien rememora el mundo de los Cafés como espacios de crítica y discusión….

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la séptima con jiménez

La Séptima con Jiménez vista por varias generaciones de la familia de Irene Salazar Ferro.

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gárgola

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Entidad que vigila desde lo alto los habitantes de la ciudad, para infundirles temor y recordarles su lugar en el mundo.

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frente al Café Pasaje

Estamos en la Plazoleta del Rosario en Bogotá, para escuchar una serie de relatos del escritor Manuel Hernández sobre una fase del Café como espacio de encuentro y conversación: el Café Rumba.

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enfrente al Café Pasaje

Estamos en la Plazoleta del Rosario en Bogotá, para escuchar una serie de relatos del escritor Manuel Hernández sobre una fase del Café como espacio de encuentro y conversación: el Café Rumba.

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La sala de Pablo Escobar

Audioguía de Mariana Cordoba para la Sala de los Narcotraficantes, localizada en el Museo de la Policía de Bogotá.

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¿monumento a jaime garzón?

Audioguía de Mauro Flórez para el Monumento a Jaime Garzón, localizado en el cruce de la Avenida de la Esperanza frente a Corferias, en el barrio Quinta Paredes al occidente de Bogotá.

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la herida

Primera parte de un recorrido con el escritor manuel hernández por el centro de bogotá, donde se deriva en torno situaciones, debates y relatos relacionados con la carrera séptima y sus alrededores.

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En la sala de la Mona Lisa

¿Cómo será un día al frente de la Mona Lisa? Audioguía de Irene Salazar (grabación in situ)

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¿Qué pensará la Mona Lisa? Audioguía de Ashley Montoya.

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La herida

Primera parte de un recorrido con el escritor manuel hernández por el centro de bogotá, donde se deriva en torno situaciones, debates y relatos relacionados con la carrera séptima y sus alrededores.

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Independencia! Independencia!

Audioguía de Andrés Mathías Pinilla para el Florero de Llorente, que forma parte de la colección del Museo de la Independencia.

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prueba de resistencia

Audioguía de Alexandra Jiménez para la obra Prueba de resistencia de Günter Brus, que hace parte de la exposición Tras los hechos: Interfunktionen 1968 – 1975

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intermediarios: banda sonora para un autoretrato

Audioguía de Irene Salazar para la obra Intermediarios: banda sonora para un autoretrato de Vito Acconci, que hace parte de la exposición Tras los hechos: Interfunktionen 1968 – 1975

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t.o.u.c.h.i.n.g

Audioguía* de María Fernández para la obra t.o.u.c.h.i.n.g de Paul Sharits, que hace parte de la exposición Tras los hechos: Interfunktionen 1968 – 1975

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* a partir de Loose canons de Ron Kuivila

moskitos in kopula

Audioguía de Ashley Montoya para la obra Moskitos in kopula de Lothar Baumgarten, que hace parte de la exposición Tras los hechos: Interfunktionen 1968 – 1975

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¿quien es el dueño de este museo?

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el blog como espacio crítico

el museo como espacio de debate

El carácter público de museos y centros de arte, no se circunscribe únicamente a la accesibilidad por parte de todos los ciudadanos y al hecho de estar financiados con dineros públicos. El problema es, además, de qué modo enfrentar el institucionalismo corporativo que tiende a cerrar la institución al debate y al diálogo.

Como una forma de abordar esta situación, tenemos el caso del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MacBa) que, en marzo del año pasado, abrió en su portal de Internet un espacio con el nombre de Debate, el cual presenta con estas palabras:

Debate nace de la voluntad de abrir una nueva plataforma de discusión pública, desde la que se puedan debatir abiertamente los interrogantes inherentes a la práctica y actualidad del MACBA. Un nuevo espacio para la reflexión colectiva que amplía y profundiza el propósito del Museo de generar discursos, aprovechando en esta ocasión las ventajas que ofrece el espacio digital.

Debate plantea, durante un mes, un tema específico y lo abre a la participación de todo el que quiera aportar su opinión, sus preguntas o sus respuestas, y abrir la discusión a otras vías. Todo el mundo es invitado a participar en el debate: para ello solo es necesario suscribirse. Las aportaciones de los usuarios pueden ser tanto anónimas como firmadas y una vez concluido el debate quedarán disponibles a modo de archivo para todo aquel que desee consultarlas.

El pasado mes de octubre propuso como tema de discusión el carácter público de la institución museal, el cual anexo a continuación, incluyendo algunas de las participaciones que suscitó.

Jaime Iregui

Patrimonio común e institución pública: del derecho del autor al derecho del público

¿A quién pertenecen los museos y las colecciones de titularidad pública? Desde nuestro punto de vista, y como ya hemos apuntado en otras ocasiones, pertenecen a la ciudadanía, a los públicos. Si entendemos el museo como una de las instituciones para la educación popular en la modernidad, y si entendemos la educación como un derecho inalienable en el Estado moderno, debemos inmediatamente concluir que lo que el museo genera y alberga es patrimonio común. Esto, evidentemente, desde el punto de vista de entender y asumir, incluso críticamente, el museo como espacio público según el proyecto emancipatorio de la Ilustración. Este planteamiento privilegia una concepción del museo como espacio para la memoria, la educación estético-política y el debate público y se opone a una nueva concepción del museo, emergente desde la oleada neoliberal de finales de los setenta, como agente del mercado la industria cultural, que privilegia la producción y la economía del sector y que de facto se pone al servicio de la maquinaria del capital terciario renunciando con ello a cualquier papel propiamente educativo. En la actual organización administrativa del Estado, que significativamente segrega el campo cultural del educativo y universitario, es esta segunda tendencia la que determina de manera aún incontestada las grandes decisiones políticas en materia artística.

Pero entender el museo como espacio para la educación popular no soluciona la lógica organizativa, jurídica y laboral del museo en tanto que institución que forma parte del mundo del trabajo en la era neoliberal, en la que vivimos todos aunque sea más o menos a contrapelo. Evitar limitar la concepción de la actividad artística como provisión de mercancías para el mercado del arte, implica que la actividad artística debe encontrar otras formas de remuneración. Cuando el trabajo artístico adopta los modos de producción de la economía de servicios, las formas de remuneración deben igualmente adaptarse a ese modelo. Pero eso implica revisar una noción de autoría que se ampara en la exaltación romántica para legitimar lo que en realidad es una forma de explotación aristocrática del capital simbólico (la distinción) del campo artístico y de reproducción de los privilegios sociales que le son inherentes. Justamente, el mito aristocrático de la autoría artística es posiblemente hoy el principal lastre para la vida laboral de los artistas y una de las principales causas de las diversas formas de precariedad del sector, en la medida en que se basa en una identificación esquizoide entre capital simbólico y renta material que impide asimilarlo a otras formas de trabajo autónomo. Esto condena al profesional del sector a un limbo económico y jurídico del cual solo es posible salir por la vía de un reconocimiento social sobredimensionado y mitificado al cual, de hecho, muy raramente podrá llegar. Frente a esta concepción aristocrática y rentista de la autoría proponemos asimilar la actividad artística a otras formas de trabajo remunerado en general.

El dilema que se plantea desde el punto de vista del museo y de la noción de patrimonio público es cómo compatibilizar el derecho al trabajo remunerado de los artistas con el dominio público sin pasar por la actual categoría del derecho de autor, que mitifica el trabajo artístico y lo devuelve a la noción reduccionista y aristocrática que queremos superar. Philippe Thomas propuso que los «ready-made pertenecen a todo el mundo» y por definición la colección de un museo debería cumplir esa idea. La tarea del museo hoy es cumplir la máxima de Thomas y hacer que las colecciones públicas pertenezcan a todo el mundo.

Eso implica abordar cuestiones complejas y en buena medida tabú: ¿deben los autores vivir de rentas a costa del dinero público? ¿No se trata más bien de que el trabajo artístico encuentre nuevas formas de circulación y de ser apropiado significativamente por los públicos? ¿No implica eso buscar alternativas a la centralidad del intercambio económico como modelo del intercambio social y cultural en general? ¿No debemos relativizar los derechos y privilegios del autor en favor de los derechos de los receptores de las obras y buscar nuevas formas justas de remuneración del trabajo artístico que no restrinjan sino que favorezcan los derechos de los públicos y que promuevan la circulación y la vida de las obras? ¿No se trata por tanto de favorecer el bien común y de reformular las formas de explotación de la actividad artística desde un punto de vista de lo público y no de la propiedad privada?

La proliferación tecnológica y el carácter crecientemente inmaterial, tecnificado y reproducible del trabajo artístico implica la necesidad de nuevas categorías. ¿No se trata de pasar del autor al productor? En su célebre ensayo de 1934, Walter Benjamin diagnostica este desplazamiento histórico señalando que el paso del autor al mundo de la producción pone fin a su autonomía y a sus viejos privilegios, más propios del antiguo régimen que de una modernidad industrial basada en la circulación masiva e igualitaria a través de la página impresa y otras formas de reproductibilidad técnica. En el contexto actual determinado por la fluidez de la circulación, distribución e intercambio de los discursos y las producciones, favorecido por las nuevas tecnologías, las categorías del derecho tradicional relativas al campo artístico aparecen obsoletas. No favorecen el acceso sino que lo limitan. Debemos pensar nuevas formas flexibles de regular el intercambio y el acceso al patrimonio cultural común. En este contexto, el museo en tanto que institución pública debe promover nuevos modelos de acceso y explotación que no restrinjan las producciones y los discursos a la obra única ni a la forma expositiva y cumplir la promesa moderna del arte como bien común.

  1. Notas para el debate:
  2. » ¿Es posible pensar en términos de clasificación no selectivos, ni distintivos, ni jerárquicos?
  3. » ¿Es posible que el uso masivo de estructuras de archivo por parte de los creadores contemporáneos contribuya a estetizar una estructura cuya principal finalidad ha sido el control social?
  4. » ¿Es posible un archivo democrático? ¿Cómo debería ser? ¿Qué condiciones lo harían posible?
  5. » ¿La actual desterritorialización del archivo a través de Internet es una condición democratizadora?
  6. » ¿Son antagónicos el «orden» de la biblioteca y el «desorden» del archivo?
  7. » El término archivo se usa en la práctica artística de una manera polisémica ¿Sería necesario precisar los diversos términos que abarca para no convertirlo en una palabra vacía, formal y políticamente correcta en nuestro medio? ¿Cómo?

Comentarios:

  1. si un museo ha comprado una pintura con fondos públicos para ser exhibida en un edificio público, mantenido y gestionado con dinero público, ¿por qué no puedo fotografiar esa pintura para mi uso personal? ¿A quién se intenta proteger con tales restricciones, negándome como usuario de lo público cualquier derecho? ¿Al autor? Como decía Ramírez en su artículo: “¿Qué más le da a él que muchos espectadores fotografíen su trabajo?”. Evidentemente, a quien se protege no es al autor, sino a todo un complejo sistema para el arte, y a una estructura asociada social y política, que se sustenta en conceptos obsoletos sin los cuales perdería gran parte de su razón de ser, que es precisamente lo que está en cuestión. En su nombre y en el de un brillante futuro se cometen continuas contradicciones: se eliminan o se blindan negativos fotográficos, se secuestran másters de vídeo para coartar su reproductibilidad natural, se castran proyectos online para poder ser empaquetados, se tarifa la hiper-textualidad o simplemente se prohíbe fotografiar tu pintura favorita. Fomentando deliberadamente una cultura de la “escasez”, que tan inmejorables réditos ha generado para las industrias culturales, pero que está desembocando en una cultura del permiso y que, financiada y amparada desde lo público, nos aleja de una Cultura Libre.
  2. El pasado sábado 3 de noviembre, apareció en El País un artículo de Andrés Trapiello titulado “Un ‘velázquez manifiestamente’ mejorable”, cito: “El autor defiende la propiedad privada de la creación pero cree necesario que las leyes cambien para garantizar el disfrute del cuerpo místico de las obras.”Tiene un enfoque distinto al del MACBA, pero puede que alguien encuentre interesante, en relación al tema de este Debate.El artículo completo aquí:
    “Un ‘velázquez manifiestamente’ mejorable”
  3. Plantear este debate ya es una forma de acción y transformación que no debe infravalorarse. No olvidemos que abordamos aquí una cuestión que tiene consecuencias legales y jurídicas y que en este momento las prácticas contra la propiedad intelectual estan fuera de la ley. Las opciones de las instituciones para actuar fuera de la ley son, digamos, limitadas. En este momento nos parece que la acción transformadora consiste en contribuir al debate y a la emergencia de una masa social crítica que induzca un cambio en el marco jurídico vigente. Seamos conscientes que éste es un terreno cuya legislación tiene apenas una década de existencia. Literalmente estamos empezando y las transformaciones no serán de un día para el siguiente. Trabajamos para el futuro. Lo que es significativo e importante en estos años (e insistimos en que no debe menospreciarse) es la proliferación de voces críticas frente al régimen vigente en la legislación de la autoría y patrimonio cultural. Desde el MACBA estamos proponiendo, por ejemplo, una línea de trabajo para cambiar el régimen de propiedad de las obras de la colección por el de custodia y abrir un campo de trabajo sobre formas cooperativas de gestión en red del patrimonio artístico público, más allá de los marcos nacionales-estatales. El trabajo transformador hoy en este campo pasa por acciones poco visibles, que pueden parecer inefectivas pero que no lo son en absoluto.
    Desde el MACBA siempre que podemos trabajamos en Creative Commons (como fue el caso de las publicaciones del proyecto “Desacuerdos”) y en prácticas que favorecen el libre intercambio. Las publicaciones online “Quaderns Portàtils” es una iniciativa en este sentido. También buscamos formas de remunerar el trabajo de los artistas en los proyectos específicos, más allá de la lógica de la remuneración a través de la obra.
  4. La revista electrónica D-Lib Magazine (http://www.dlib.org) publicó en Noviembre de 2005 un artículo de Kenneth Hamma (del J. Paul Getty Trust) en el que instaba a los museos públicos o privados a devolver al público lo que pertenece al dominio público, refiriéndose a los archivos fotográficos. Razona que los ingresos de los alquileres de imágenes o por el copyright de las mismas en realidad no son una vía de financiación relevante y, lo que es más importante, va en contra de la finalidad de un museo, que es hacer garantizar el acceso al arte por parte del público. Arguye que muchas de las obras no sólo pertenecen al dominio público (y es más, se está privando a éste de su disfrute), si no que pueden ayudar aumentar el interés hacia las colecciones de los museos y el arte en general y que los ingresos que este tipo de servicios suponen para las instituciones tampoco son en realidad una fuente de sustento económico relevante.El link del artículo:
    http://www.dlib.org/dlib/november05/hamma/11hamma.html
  5. Un dato curioso: según un artículo publicado en el Ciberpaís el 1 de noviembre de 2007, “España es el mayor productor mundial de cultura libre con Creative Commons”Link del artículo completo aquíLas licencias Creative Commons (incluida la española) están perfectamente explicadas en el número 57 de la revista Zehar por parte de Ignasi Labastida, profesor de la UB que lidera el proyecto CC en Cataluña y España des del 2003: “Las licencias Creative Commons en el Estado Español”.

Debate: http://www.macba.es/debat/?language=es

Poesía Museo Filosofía [+ Arte Degenerado]

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Pedro Manrique en la Alzate

Las esferas de lo público

El público y lo público son conceptos en los que conviven varios sentidos simultáneamente y que se definen de manera auto-reflexiva. Lo público tiene que ver con lo común, con lo estatal, con el interés compartido, con lo accesible. Hay una movilidad histórica en la oposición público-privado justamente a partir de la propia movilidad de los públicos y sus formas de auto-organización. El público tiene un doble sentido de totalidad social y a la vez de audiencias concretas. La idea central es que los públicos son formas elusivas de agrupación social que se articulan reflexivamente en torno a discursos específicos.

Jorge Ribalta [1]

En una época en que la privatización del espacio público es un hecho generalizado, es necesario preguntarse por el estado de lo público, que desde inicios del siglo XX ha perdido su carácter homogéneo y se ha venido transformando en una dimensión cada vez más diferenciada y dispersa, compuesta por una gran variedad de esferas de lo público.

En la “Transformación estructural de la esfera pública”, Jürgen Habermas [2] se refiere a la noción de esfera pública como un ámbito abierto de debate donde los ciudadanos deliberan sobre los asuntos de interés común -y que en el caso del mundo del arte, tiene su origen en los cafés y salones como espacios de encuentro y conversación, los museos, la opinión en los medios masivos de comunicación, las revistas de crítica, los espacios de exposición y discusión.

La versión abstracta e idealizada de la esfera pública burguesa de Habermas, en la que la deliberación de la sociedad civil ha de llevar a consensos que han de incidir en aquellas instituciones que son objeto de debate, es redefinida en años recientes por varios autores, entre ellos, el crítico y curador Simon Sheikh [3], quien señala que al entender el medio artístico contemporáneo como una modalidad de esfera pública, debemos tener en cuenta que no se trata precisamente de una esfera homogénea y consensual, sino de una plataforma en la que prevalece el disenso y el conflicto entre distintas subjetividades, políticas y economías.

En relación con el medio artístico local podríamos preguntarnos ¿deben los debates del medio artístico asumir un perfil didáctico para llegar a un “público más amplio”?, ¿pueden estas discusiones involucrar públicos de otros países y contextos?, ¿en qué medida se ve afectada la esfera pública del arte por los flujos del mercado?, ¿están realmente las instituciones del arte abiertas a la interlocución y el debate?

Como una forma de profundizar en estas preguntas –y no necesariamente como un recorrido histórico por las distintas modalidades de esfera pública- me interesa en este texto resaltar un conjunto de situaciones que develan distintas formas de asumir y articular esferas de lo público desde el medio del arte.


De dominio público.
Desde el siglo XIX el museo de arte se constituye como parte fundamental de la esfera pública, en la medida en que conserva y despliega un conjunto de manifestaciones artísticas que a su vez producen toda una serie de interpretaciones, opiniones, posturas, teorías y debates.

En la primera mitad del siglo XX emerge –primero en Nueva York y posteriormente en casi todas las grandes ciudades de Europa y América- un nuevo tipo de museo que opera como espacio de representación de los planteamientos experimentales de las vanguardias: el museo de arte moderno.

En sus primeras décadas de funcionamiento el museo de arte moderno representa un espacio utópico y experimental. Un laboratorio de pensamiento y acción. Una espacio de debate y de avanzada.

Paulatinamente, este modelo se va estableciendo y con ello, su propuesta crítica y museológica. Tanto los museos de arte moderno que se fundan en distintas ciudades del mundo, como las galerías comerciales dedicadas a la difusión y venta de este tipo de arte, llevan este modelo expositivo del terreno de la experimentación y el riesgo, al de la institucionalización rampante, de la que emerge radiante el museo como experiencia espacial, donde la colección pierde su carácter patrimonial para convertirse en capital cultural, el edificio del museo en objeto artístico y, el público, en turista-consumidor.

En esta imagen vemos a la crítica de arte Marta Traba, en uno de los primeros programas de televisión que se emitieron en Colombia. Corría el año de 1957 y esta argentina radicada en Bogotá estaba decidida a instalar las obras y los ideales del arte moderno en una sociedad bastante conservadora, para la que el arte debía seguir fielmente los principios de una representación que tenía como referencia aquellas vanguardias de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Marta Traba sostiene en sus manos un mapa de Europa que posiblemente utiliza para plantear de qué países surge inicialmente el arte moderno. Detrás de ella, en la pared, se pueden apreciar algunas reproducciones de obras de los artistas de las vanguardias. Al frente, la cámara, que no es otra cosa que ese público al que hay que llegar, al que hay que inculcar los fundamentos del arte moderno.

Además de este programa de televisión, Marta Traba impartía conferencias en varios centros culturales de la ciudad, era profesora de historia del arte en la Universidad de América y pertenecía al grupo de personas que habían fundado el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

Es el momento en que todavía se puede hablar de una crítica que buscaba articularse con el gran público, una crítica con fines pedagógicos que ve en la nueva tecnología de la televisión, la posibilidad de llegar a una gran audiencia a la que se le debe hacer entender la necesidad de modernizarse conociendo los planteamientos y obras de este nuevo arte que ya tiene en Colombia unos representantes: además de críticos, arquitectos y otros seguidores, la producción de artistas como Alejandro Obregón, Marco Ospina, Edgar Negret y Fernando Botero.

En términos generales, se trata de una esfera pública donde los debates del arte están sintonizados con los discursos y transformaciones de una sociedad que busca en los ideales de una modernidad abstracta y racional -que se promueve tanto desde el arte, como del Estado y la empresa privada- una solución a las graves situaciones de orden social y económico por las que atraviesa el país.

Esta esfera comienza a transformarse a medida que los conflictos sociales del país se radicalizan y los discursos del arte moderno van tomando distancia de la realidad social tanto a nivel local como en otros contextos. Para la década de los setenta Marta Traba ya se ha ido del país, y tanto el Museo de Arte Moderno como los distintos espacios de debate en los medios y revistas especializadas bajan el tono militante y politizado que los caracterizaba hasta el momento.

Una vez el Museo logra conseguir una sede propia -luego de una larga deriva por distintos lugares de la ciudad- a comienzos de los años ochenta, los planteamientos del arte moderno empiezan a ser revaluados desde varias perspectivas tanto a nivel internacional como local, entre ellas la de los críticos José Hernán Aguilar y Carolina Ponce de León, quienes desde sus columnas del diario El Tiempo traducen e impulsan los debates propios de la posmodernidad.

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el último dragón


Dragón de Bologna. Museo Aldrovandi, tabule di animali, IV, 130.

El 13 de mayo de 1572, el mismo día que Ugo Buoncompagni había elegido regresar a su ciudad natal para ser investido como Gregorio XIII (1572-1585), apareció en las afueras de Bologna un temible dragón.

La noticia se regó como pólvora y conmocionó a sus habitantes, quienes ante semajente amenaza, designaron un grupo de ciudadanos para salir en su búsqueda. Una vez enfrentaron y dieron captura al portentoso animal, fue depositado en una jaula y llevado a la ciudad para enseñarlo a sus habitantes (1).

Pasada la conmoción y luego de que todos los bologneses vieron con sus propios ojos cómo la amenaza había sido dominada, el senador Oracio Fontana -quien tenía la autoridad para decidir qué hacer en ese caso- entregó el dragón a Ulises Aldrovandi, coleccionista de maravillas, objetos extraños y experto en dragones, quien se dedicó a estudiarlo y catalogarlo en términos de especie, atributos, semejanzas y diferencias con otros dragones y reptiles. Una vez llevado a cabo este proceso, Aldrovandi procedió a buscarle un lugar especial en la galleria de su museum para disponerlo y exhibirlo.

Como era propio de los nacientes museums, studiums y wunderkammer (cámaras de maravillas) de la época, sólo podían ser visitados por las personas que a juicio del coleccionista eran dignas de contemplar sus maravillas y tesoros.

En un corto periodo de tiempo, el Museum Aldrovandi fue visitado por un gran número de miembros de la nobleza, jerarcas de la Iglesia, caballeros, naturalistas, viajeros y estudiosos. No era para menos, pues era la primera vez que un museo exhibía semejante portento.

Ulises Aldrovandi fue además invitado a otros reinos para relatar a sus cortes cómo los ciudadanos de Bologna habían capturado el dragón, y cómo su aparición dejó de convertirse en un terrible presagio –el animal simbolizaba lo desconocido y lo demoníaco- para el papado de Gregorio XIII quien, por cierto, corrió el peligro de ser sentenciado a muerte, pues la desafortunada coincidencia prácticamente lo señalaba no como un representante de los cielos, sino de los mismísimos infiernos.

Lo que hasta la Edad Media fue considerado como signo inequívoco de lo demoníaco, se transformó -con el proceso que se le dio y el lugar que se le otorgó al dragón por los ciudadanos de Bologna- en todo lo contrario. Es decir, en que lo desconocido, lo irracional y todo aquello que en principio representaba la naturaleza como universo imperfecto y amenazante, debía ser estudiado, analizado e instituido un lugar en el mundo, que de acuerdo a la episteme renacentista, se asumió como objeto que debía ser explorado y conocido.


Museo Ferrante Imperato. Venecia, 1672

El éxito alcanzado por el Museum Aldrovandi, se debió no sólo a que salvó la vida de Gregorio XIII y desplazó al dragón del universo mítico al espacio racional del museum, sino que contó también con el visto bueno de la Iglesia –y por supuesto, del Papa al que salvó- que lejos de sentenciarlo a muerte por asignar un lugar en su colección a una bestia demoníaca, le encargó sendas ilustraciones del temido animal para exhibirlas en el Museum del Colegio de Roma.

Aunque en un comienzo algunos viajeros y estudiosos de la naturaleza vieron con recelo el caso de Aldrovandi, éstos no se quedaron atrás e iniciaron expediciones a tierras remotas en busca de objetos y “maravillas de tierras distantes” (2) para enriquecer y/o iniciar sus propias colecciones.

Es por ello que –como se puede ver en ilustraciones de la época- otro dragón como el cocodrilo, obtuvo el status de “animal maravilloso” y ocupó un lugar central en la disposición de estos primeros museos.

Jaime Iregui

(1) Findlen, Paula. Possessing nature. Museums,collecting, and scientific culture in earlyt modern Italy. University of California Press. 1994

(2) En su libro “El redescubrimiento del pasado prehispánico en Colombia: viajeros, arqueólogos y coleccionistas 1820-1945”, la antropóloga Clara Isabel Botero escribe que un grupo significativo de objetos de la America antigua llegó a Europa durante los siglos XVI a XVII. Estos objetos que eran la evidencia de aquello que se había encontrado y conquistado, fueron percibidos en Europa como “maravillas de tierras distantes”, percepción contraria a la manera como se percibían en territorio americano, como los “ídolos del diablo”.

el corazón del museo

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Daniel Buren eligió el rojo para su obra, color que Gehry había descartado, por estridente, para el edificio de oficinas. «Creo que el rojo puede jugar muy bien con el dorado y el plateado que el museo tiene según la luz. Además, contrasta bien con el verde de la montaña».

videoguía de jaime iregui

invasión “escultórica”

Para esta versión del proyecto escultórico de Münster, se han presentado varias propuestas que abordan la privatización creciente del espacio público a través de eventos de arte urbano promovidos desde el Estado y la empresa privada.

Una de ellas es Trickle down (el embuste) del artista Andreas Siekmann, quien protesta airadamente ante la invasión de esculturas de poliéster -generalmente en forma de animales- que se han tomado parques, plazas y calles en Alemania desde 1998.

Para realizar su pieza, Siekmann adquirió un conjunto de estas esculturas -que se supone, simbolizan la ciudad o provincia donde se presentan- y las pasó por un triturador para posteriormente elaborar una esfera donde se asoman patas de caballos, antenas de mariposas, cuernos de rinocerontes, garras de osos, cabezas y fragmentos diversos de vacas, leones, gatos y castores.


Como parte su propuesta escultórica, el artista devela -en una serie de carteles pegados en un muro del mismo lugar- un complejo entramado de entidades financieras, de mercadeo y “sin ánimo de lucro” que mueven cientos de millones de euros a través de desfiles, galas y subastas de estas figuras de poliéster.

Así mismo, elaboró un glosario donde señala nombres de compañias, estrategias de mercadeo, flujos de dinero, y entidades reales y fantasmas que sostienen esta invasión escultórica que está privatizando el espacio público.

para leer el glosario, pulse aquí.

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Jaime Iregui

la mona lisa

La casi totalidad de los ocho millones de personas que recibe anualmente el Museo del Louvre visita la sala donde se encuentra la Mona Lisa. Hasta abril del 2005 la pintura estuvo en la Sala Rosa, pero debido al enorme flujo de público -y al apoyo económico de Nippon Television- se remodeló la espaciosa Salle des Etats específicamente para exponer esta obra de Leonardo. A sólo dos años y medio de haberse inaugurado, el lugar parece no dar abasto. La experiencia de contemplar la obra sigue siendo practicamente imposible. Además de los reflejos del vidrio de seguridad, está la baranda curva de protección y, a dos metros, una cinta que separa a los cientos de visitantes que se agolpan para verla de cerca.

Dado que la cinta es desplazada constantemente por el público, tres guardias se encargan de ponerla en su lugar advirtiendo en voz alta que no se debe mover la cinta! y, en algunas ocasiones, empujando al público hasta recuperar la distancia establecida.

fotografía y texto: Jaime Iregui

el museo de vanguardia

En 1946 la racionalidad del urbanismo de posguerra parece no haber llegado a Colombia. Sin embargo, el espíritu de vanguardia está vivo: el talante combativo y revolucionario define el carácter de la revista Proa en sus primeros años (1946-1957), así como la muy moderna tendencia de seguir con juicio los lineamientos de los maestros (Le Corbusier, Gropius) que representan el paradigma de la época.

La vanguardia local de Proa lucha por intervenir la ciudad y dejar atrás de una vez por todas el vergonzante pasado colonial, que representa para el racionalismo criollo el caos, el desorden, la irracionalidad y, en definitiva, la ignorancia y el atraso que, según ellos, es origen de todos los males que padece Bogotá.

A través de la revista Proa se empezó a producir el espacio moderno a nivel local, no sólo en el sentido urbanístico y arquitectónico, sino artístico y cultural. Es decir, el racionalismo arquitectónico como espacio de representación del ideario moderno, operó en la revista Proa y propició, además de un gran número de importantes proyectos urbanísticos y arquitectónicos, la fundación del Museo de Arte Moderno de Bogotá (1957), el cual funcionó como entidad sin sede en la oficina de Gabriel Serrano Camargo, arquitecto cercano a Proa, y primer director del Museo.


Herbert Ritter, Gabriel Serrano Camargo, José Gómez , Camilo Cuellar y Gabriel Largacha.

Aunque se tiende a pensar que la única persona que lideró desde sus inicios la fundación del Museo fue Marta Traba, hay que recordar que su principal promotor fue un grupo de personas del mundo del arte, la arquitectura, la política y la cultura de la ciudad, que lo creó con el propósito de impulsar el arte moderno, su colección y pensar el museo como espacio expositivo, pedagógico y de difusión. De este grupo hacían parte, entre otros, los arquitectos Gabriel Serrano Camargo, Carlos Martínez (fundador y director de Proa), Camilo Cuellar, Gabriel Largacha, Fernando Martínez Sanabria, los críticos Marta Traba y Casimiro Eiger, y los artistas Alejandro Obregón, Marco Ospina, Enrique Grau y Luís Alberto Acuña.

Mientras funcionaba en su primera sede (las oficinas de Cuellar, Serrano y Gómez), su director fue el encargado de plantear un proyecto arquitectónico para la sede del naciente Museo de Arte Moderno de Bogotá.


Proyecto de Gabriel Serrano Camargo para el Museo de Arte de Moderno de Bogotá. Revista Proa, 1957.

El proyecto fue reseñado en la revista Proa en noviembre de 1957. El lugar escogido para construir el edificio fue el lote en que posteriormente se levantó la torre de Seguros Tequendama, en la carrera séptima con calle 26, justo en frente de la Iglesia de San Diego, y en el corazón de esa zona donde se concretaron muchos de los sueños de la modernidad local, entre ellos, el Parque de la Independencia (donde tuvo lugar la Exposición del Centenario), la Biblioteca Nacional, la Avenida 26, el Centro Internacional y el Planetario de Bogotá, en el cual funcionó por ocho años el Museo de Arte Moderno antes de construir, al otro lado de la Avenida 26, la sede que ocupa actualmente.

Jaime Iregui

lo político desde lo plástico

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videoguía de gina capella, natalia sánchez y jorge luís vaca

mall specific

Desde sus inicios, el museo de arte ha coexistido con las exposiciones de mercancía. En el siglo XIX son pocas las diferencias entre aquellas estrategias expositivas utilizadas en museos, pasajes comerciales y Exposiciones Universales.

Luego, en la época de las vanguardias, el museo fue más un laboratorio donde se replantearon las formas de exhibición: se produjo el espacio limpio y sacralizante del cubo blanco.

En nuestros días, el centro comercial (mall) ha tomado una fuerza inusitada. Es el espacio de encuentro y de exhibición por excelencia. Por otra parte, el museo tiende a tomar el perfil de centro de entretenimiento y está cada vez más sujeto a las lógicas del mercado.

Al entrar al Centro de Diseño Portobelo las diferencias entre un centro comercial y un museo practicamente desaparecen. Si se mira hacia arriba, es posible apreciar la “puesta en espacio” de una serie de textos al mejor estilo museal:

“vivimos segundo a segundo y un segundo es justo ahora”

“cuando lo bello es tan barato como lo feo, sólo entonces la belleza para todos se hace realidad”

“un producto debe soportar el desgaste de los ojos”

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Jaime Iregui


a pesar de las condiciones

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En el caso de esta videoguía se contraponen dos tipos de discursos; uno manejado a través de la imagen y que muestra la colección Botero de el Museo de Antioquia, el otro a través de la voz de la institución y cómo esta maneja y piensa un museo a pesar de posibles limitaciones y condicionamientos establecidos por el mecenazgo; además de la lectura y las “normas” implícitas a la visita y a la acción de recorrer los museos.

videoguía de sebastian fierro, diego garcía y gustavo niño

monumentos privados

Hace unos cincuenta años, el Museo de Antioquia (para entonces Museo de Zea) recibió una donación muy especial. Se trataba de 60 piezas que una mujer de la alta sociedad de Medellín había recolectado a lo largo de cuatro décadas de viajes por Europa, Asia y Latinoamérica.

Desde entonces, la donación había reposado en un gabinete de madera en los depósitos del Museo. Parece que por algún tiempo se expusieron en unas vitrinas del Zoológico de Medellín, que el Museo de Zea tenia a su cargo.

La donación consta de una colección de trozos de monumentos que esta viajera fue acumulando en el curso del tiempo. Todo parece indicar que en cada museo o lugar de importancia histórica, ella “tomaba” un fragmento, ya sea del mismo edificio, o de alguno de los objetos expuestos, especialmente cortinas y muebles.

Era su forma de poseer el mundo. Un ritual secreto que “privaba” a los monumentos de un pequeño fragmento. Y en esto no se diferencia mucho de la forma como muchos museos han tomado forma: con trozos de culturas de aquellos territorios invadidos (Egipto, Grecia, Babilonia, América del sur, etc), tesoros y botines de guerra.

Esta colección de monumentos privados se expone actualmente en las salas del Museo de Antioquia, como parte de su guión histórico de los siglos XIX y XX. Se encuentra a pocos pasos de la sala dedicada al fundador del Museo, Don Manuel Uribe Ángel, donde se señalan algunas piezas iniciales de su colección, entre ellas, partes de algunos animales que Uribe Angel fue acumulando en sus exploraciones del reino animal: varios colmillos de culebra, once ratones de un solo parto y la uña de una gran bestia.

A continuación, la lista de los fragmentos de monumentos, hecha a partir de las descripciones que la señora escribió (a mano y a máquina) en cada una de las fichas que acompañan las piezas:

01. Fleco del sillón que se encontraba en la pieza donde murió Víctor Hugo, Paris.

02. Trozo de lienzo muy antiguo de la Basílica de la Natividad en Belén. Pertenece a los Armenios, el cuadro indica un combate entre persas y caldeos.

03. Fragmento de la Piscina Probática, Jerusalén.

04. Fragmento de mármol del Partenón de Atenas.

05. Cordón del coche mortuorio de los emperadores en el palacio de Schoenbrunn, Viena.

06. Piedra de la Acrópolis, Atenas.

07. Fragmento de una capa que sirvió para oficiar el matrimonio de María Estuardo, Paris.

08. Piedra del punto donde se dio la batalla de Saladito contra los Cruzados.

09. Pedacito de madera de las prisiones de San Marcos, Italia.

10. Fleco de la casita del príncipe Carlos, hijo de Felipe II, El Escorial, Madrid.

11. Fleco del Panteón. De la corona de Víctor Hugo, Paris.

12. Parte del fleco de la carroza a donde llevan a bautizar a los infantes de España, Madrid.

13. Fragmento del Monasterio de las Huelgas, Burgos.

14. Fleco de la pieza donde murió Josefina en la Malmaison, Versalles.

15. Placa de piedra del castillo donde vivió Madame Stoel.

16. Parte de los gobelinos que cubren el Palacio de los Grandes Maestros, Malta.

17. Fragmentos de madera del castillo donde estuvo preso Carlos V, Vincennes.

18. Fragmento de la silla de montar de Alfonso XIII, Madrid.

19. Fleco dorado de la pieza donde murió la emperatriz Josefina en la Malmaison.

20. Cordón de una silla de la pieza donde nació la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, Sevilla.

22. Fragmento de un naranjo sembrado por Fernando I en el Alcázar, Sevilla.

23. Trozo de la silla donde se sentaba Voltaire. Museo de Carnavalet, Paris.

24. Cordón de la tumba de Fray Angelico, Roma.

26. Borla de la cortina del comedor del palacio que perteneció a Pedro y Teresa Cristina, Río de Janeiro.

27. Fragmento de madera de las prisiones del Palacio de los Dux, Venecia.

28. Fragmento de la corona de Sadi Carnot, expresidente de la República Francesa, Paris.

29. Dos trozos de la tumba de Clemente VI, Avignon.

30. Madera de la mesa de Bolívar, Museo de Lima.

31. Cordón de la cama donde murió Napoleón en Santa Helena.

32. Cordón de la habitación donde murió el emperador Franciso José en el Palacio de Schoenbrunn.

33. Flor de la tumba de Federico I, Berlín.

34. Piedra del Panteón Romano.

35. Fragmento de un ciprés sembrado por el sabio Caldas en la universidad. Popayán.

36. Trozo de la cortina del palco de los reyes en el teatro de la Escala, Milán.

37. Borla de las cortinas del palacio de Maximiliano y Carlota, México.

38. Piedra de la Batalla de Bárbula.

39. Parte de la tela que cubre la cama de campaña que perteneció a Bolívar, Lima.

40. Tres fragmentos de las sillas de la Catedral de Westminster, Londres.

41. De la tumba de Luzmila, madre del rey San Wecenslao, Praga.

42. Fleco de la cama de Madame Stoel, Suiza.

43. Piedra porosa.

44. Pedazo de pavimento de la Basílica de San Pedro, Roma.

45. Piedra del Monte Aventino, lugar de juramento de Bolívar en Roma.

46. Trozo de piedra de la sala donde está el cofre del Cid Campeador.

47. Piedra de las ruinas del Palacio de Nerón.

48. Del teatro griego de la Villa Adriana, Tivoli.

49. Piedra del Castillo Sforzecio, Milán.

50. Del puente de los Suspiros, Venecia.

51. Piedra Iglesia de la Sagrada Familia, Barcelona.

52. Piedra de El Escorial.

53. Piedra de la Mezquita de Mohamed Ali, El Cairo.

54. Piedra de sinagoga.

55. Piedras del Coliseo, Roma.

56. Piedra de la Basílica de San Marcos.

57. De las tumbas donde están los cuerpos de los Reyes Católicos, Granada.

58. Piedra del corredor de la casa de Bolívar.

59. Piedra de Hattin.

60. Piedra de columna de iglesia hecha por San Notingem en Belén.

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Jaime Iregui

turismo extremo para curadores y artistas

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una videoguía de jaime iregui

exhibiciones del progreso

Pabellón de Bellas Artes, Exposición del Centenario. Bogotá, 1910.

Desde inicios del siglo pasado, el Parque de la Independencia y sus alrededores, se constituyeron como el espacio de representación de los símbolos de modernidad a nivel local. Era el límite norte de la ciudad, el lugar de su futuro, de sus sueños, donde ya se habían concretado algunos signos de progreso como lo eran la fábrica de cerveza Bavaria, equipada con la más avanzada tecnología; el Panóptico Nacional, dotado con los últimos adelantos en materia de seguridad; planificados e higiénicos barrios obreros como La Perseverancia, parques con atracciones mecánicas y el famoso Salón Olympia, en el cual se proyectaban las últimas producciones de ese nuevo arte para todos los públicos: el cine.

Interior del Pabellón de Bellas Artes, Exposición del Centenario. Bogotá, 1910.

El parque debe su nombre a que allí se celebró el centenario de nuestra independencia de España con la Exposición Nacional del Centenario que, como lo afirma el historiador Fabio Zambrano, constituyó una “contundente declaración de modernismo”.

Se propuso inicialmente la construcción de cuatro pabellones de exhibición con materiales decididamente modernos como el hierro y el vidrio, los cuales servirían para presentar a la ciudad los últimos avances de la industria y el arte nacional. Las limitaciones económicas hicieron que el hierro no se utilizara, por lo que finalmente los pabellones se construyeron en madera y cemento, simulando en lo posible las modernas estructuras metálicas de las Exposiciones Universales europeas que, guardadas las proporciones, pretendían emular.

Recorrido por la Exposición Nacional de Artes. Animación de Pablo Castillo.

En el Pabellón de Bellas Artes tuvo lugar la Exposición Nacional de Artes (que podemos “recorrer” gracias a esta magnífica animación del arquitecto Pablo Castillo, quien reconstruye su interior), la cual constituyó todo un esfuerzo por ofrecer un panorama de las artes plásticas en el país, tal y como sucederá posteriormente con aquellas exposiciones igualmente panorámicas que son los Salones Nacionales.

Así mismo, este evento produjo un espacio ceremonial que, a través de festejos y rituales, buscaba “poner en escena” el progreso y la modernidad del país, afianzar el ideal de nación e impulsar la voluntad civilizatoria desde el Estado y la élite local: hubo procesiones y desfiles, actos oficiales en recintos cerrados, apertura de un Museo de Ciencias en el Instituto de la Salle, inauguración –con sus respectivas ceremonias, condecoraciones y discursos- de veinte bustos y estatuas de próceres de la independencia en distintos parques y plazas de la ciudad.

El artista Andrés de Santamaría –quien ocupaba la dirección de la Escuela de Bellas Artes- hizo parte de la Comisión de la Exposición del Centenario y tuvo a su cargo la organización -y selección de artistas- de la muestra del Pabellón de Bellas Artes. En ella se expusieron aquellas obras sintonizadas con los movimientos artísticos que se venían presentando en Europa desde finales del siglo XIX. Cada artista participó con más de veinte trabajos entre pinturas y esculturas.

“Ante el Pabellón de Bellas Artes, que fue invadido por la concurrencia ansiosa de contemplar las obras de arte exhibidas, formaron dos batallones del ejército, con sus oficiales y sus banderas, una fila decorativa que ayudó al lucimiento del acto inaugural. El sacerdote, doctor J. M. Marroquín, pronunció el discurso de estilo con lujo de elocuencia, y trató sobre el valiosísimo papel que en un pueblo con aspiraciones a un alto grado de civilización, tienen el cultivo de las bellas artes y la costumbre de las exposiciones.” (*)

Kiosco de la Luz. Parque de la Independencia. 2007.

Salvo el Kiosco de la Luz (restaurado el año pasado), todos los pabellones fueron desmantelados años después de la Exposición del Centenario. Algunos de los monumentos permanecieron, otros fueron reubicados, como fue el caso de La Rebeca, trasladada hacia la carrera 13, y el templete con la estatua de Bolívar, que al construirse la avenida 26 fue desplazado a la carrera 3ª con avenida Jiménez.

En las inmediaciones del parque donde se celebró hace casi un siglo el futuro de la ciudad, se construyeron posteriormente otras obras que, en su momento, fueron símbolos de su progreso urbanístico y cultural, como la Biblioteca Nacional, la avenida 26 -que lo atravesó-, el Centro Internacional, el Planetario de Bogotá, el Museo de Arte Moderno, las Torres del Parque y la torre Colpatria.

Jaime Iregui

[*] Tomado de El Gráfico, Serie I, 31 de julio de 1910.

Animación de Pablo Castillo. Cortesía del Museo de Bogotá.

fin del mundo

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una videoguía de jaime iregui

una visita inolvidable

En el centro de Bogotá se encuentra la manzana cultural (1), proyecto que ha venido desarrollando el Banco de la República desde la década pasada, dando lugar a una constelación de espacios expositivos (que se le suman a la Casa de Moneda): las salas de Exposiciones Temporales, el Museo Botero y el Museo de Arte del Banco de la República.

En una esquina de esta manzana -y fuera de ella en términos museológicos y administrativos- se encuentra el Museo Militar, del que se puede ver un fragmento de su colección a través de las ventanas del Museo de Arte del Banco de la República. Se aprecian aviones de guerra, torpedos, helicópteros, tanques y cañones.

La forma como el Museo Militar ha dispuesto sus colecciones refleja la estructura básica de las Fuerzas Armadas y, en términos expositivos, la noción de museo clásico (2) de comienzos del siglo XIX, que está a medio camino entre el gabinete de curiosodades y la noción de museo moderno.

Cada una de las ramas de las Fuerzas Armadas está representada con una sección (Sala de la Armada, Sala de la Aviación y Sala del Ejército) donde la propuesta museológica no parte en sí de una investigación de carácter histórico, sino de la exhibición aleatoria de trofeos, medallas, imagenes de próceres, militares notables, armamento dado de baja y considerado como representativo para cada rama militar.

El Museo Militar fue inaugurado en 1982 por el general Luís Carlos Camacho Leyva, por entonces ministro de defensa del presidente Julio Cesar Turbay.

Su público está compuesto básicamente por grupos de niños de distintos colegios de la ciudad, que recorren el lugar con una mezcla de asombro y curiosidad, y para los que la institución museal ha diseñado una serie de actividades como parte de su “labor social y de entretenimiento”:

“El Museo Militar realiza permanentemente actividades destinadas a promover en los niños de escasos recursos, jornadas de diversión y aprendizaje. Música, historia para niños, juegos, payasos, helado y mucha alegría son los ingredientes usados por los integrantes del Museo Militar para garantizar que la visita de todos los niños sea inolvidable”

 

El recorrido del Museo tiene como punto culminante la visita a la Sala de la Indepedencia, donde se exponen las dieciséis banderas que ha tenido Colombia, toda una puesta en escena de los símbolos patrios, que invita a participar en una ceremonia a la bandera -con el Himno Nacional de fondo- a quienes parecen constituir el único público del Museo Militar: los niños de los colegios y los pocos militares que trabajan en el lugar.

 

 

Jaime Iregui

 

(1) Se conoce con este nombre “el conjunto de espacios para arte y exhibiciones que se ha ido conformando al frente de las salas de lectura de la Biblioteca Luis Ángel Arango. La conformación de este conjunto, que incluye el Museo Botero y la Casa de Moneda, ha sido gradual, y desarrolla un programa cuyos rasgos generales se definieron desde mediados de la década de 1980, cuando se planeó la ampliación de la Luis Ángel Arango, pero se convirtió en un proyecto con metas, cronogramas y recursos precisos a partir de 1998, cuando la donación de la Colección Botero hizo que la Colección Permanente se trasladara a las salas de la Casa de Moneda”. Fuente “En la BLAA” http://www.lablaa.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/enlablaa/

(2) Propuesta museológica que otorga a los objetos su valor por el hecho de haber pertenecido a un miembro de la nobleza o a un personaje destacado de la elite política y social. Se disponen en una sucesión de salas y galerías de acuerdo a la Casa Real, personaje o entidad institucional. Bennet, Tony. “The birth of the museum”. Routledge, Londres. 2001

contexto

Desde el punto de vista espacial la noción de museo está asociada a un lugar, a un edificio, a un modo de recorrer y relacionarse con el espacio, a unas prácticas de exhibición que florecieron a comienzos del siglo XIX en Francia e Inglaterra, a la par con otros espacios de exhibición como los Pasajes, las Ferias Universales y las vitrinas de los bulevares. Es el museo de la modernidad, el que se construyó desde la voluntad civilizatoria de las instituciones del Estado y las lógicas del capital, con el objeto de educar a las masas y, por encima de todo, exaltar la ideología del progreso.

Como lo plantea el pensador francés Henri Lefebvre: el espacio se produce como se produce una mercancía y se hace desde tres esferas distintas: la primera tiene que ver con la representación del espacio, es decir, la de aquellas entidades y disciplinas (Estado, empresa privada, urbanistas, arquitectos, historiadores, museólogos) que por tener un lugar de poder en la ciudad, la conciben a través de la racionalidad, el análisis y el diseño de mapas, proyectos y estrategias de planeación a corto, mediano y largo plazo; esto produce el espacio dominante que exalta la ideología del progreso con proyectos en la ciudad: monumentos, grandes avenidas, museos, bibliotecas, planes de renovación urbana, regulación del espacio público.

En el caso específico de los museos, esta esfera de producción del espacio tiene que ver con las conceptualizaciones tanto del museo mismo (tipos de museo, colección, edificio) como con las disciplinas y dispositivos que dan forma a su imagen y su discurso: museología, curaduría, coleccionismo, pedagogía, gestión cultural, políticas culturales, normas de las asociaciones de museos como el ICOM, mercadeo, difusión y edición de documentos y publicaciones.

La segunda esfera es la del espacio de representación, que tiene un carácter no verbal. Es el espacio de experiencias y vivencias que surge por el intercambio de imágenes, símbolos, y modos de habitar los lugares diseñados desde la primera esfera. Por ejemplo, las imágenes que cada habitante tiene de la ciudad; símbolos como la torre Colpatria, Transmilenio, Monserrate, etc.; los modos como apropia el espacio, lo recorre, lo interpreta. Es el lugar donde se construye la imagen de ciudad, la identidad con los sitios simbólicos, los monumentos, el modo de vivir y habitar lo que se produce desde el espacio dominante. En el caso del mundo del arte, tiene que ver con la forma como la comunidad se pregunta, examina y vive imaginativamente la experiencia del museo y la galería. Es el modo en que los recorremos, la imagen que tenemos de ellos, lo que representan para la comunidad artística y cultural de una ciudad. Trata también del museo como puesta en escena de un determinado modo de ver el mundo, de una ideología, es el museo como espacio de intercambio, como “forum” para la confrontación de ideas y puntos de vista.

La tercera la constituyen las prácticas de espacio, los modos de operar de los sujetos. Cada persona interpreta y se apropia los lugares a través de recorridos que reescriben el texto espacial concebido desde la primera esfera. Aquí se trata de la forma en que interpretamos la experiencia del museo, de la apropiación de sus contenidos, la forma en que lo recorremos pasiva o críticamente. También es el diario acontecer del museo como lugar practicado, lo que acontece en sus áreas públicas y privadas, los modos en que recibe al público, en que se comunica con él. Lo que sucede en sus oficinas, los diálogos y discusiones, las rutinas y el trabajo diario que hace posible su funcionamiento.

En este contexto, las prácticas de exhibición producen un espacio de representación donde circulan imágenes, ideologías, símbolos y espectáculos que son apropiados por los ciudadanos. Es en este espacio donde tiene lugar la ilusión de una evolución constante de las manifestaciones artísticas y no artísticas hacia estados cada vez más depurados, la novedad como espectáculo en las exhibiciones del comercio formal, el espacio público y su regulación como exhibición del poder del Estado.

También tiene lugar el consumo crítico de estas representaciones por parte del público. Es decir, contrariamente a lo que se pensaba hasta mediados del siglo XX, el consumo es también un lugar de producción en la medida en que se generan apropiaciones y modos de uso que son específicos de un consumidor que reinterpreta, redefine y transforma las imágenes y símbolos que lo rodean.

En este sentido, el museo es un espacio que se produce tanto desde el lugar que se concibe (se representa), como desde la imagen que se tiene de él (lo que representa) y, claro está, la forma en que lo recorremos críticamente (cómo se practica).

Por ello, pensar el lugar del museo como experiencia espacial implica entonces preguntarnos ¿desde qué lugar se concibe?, ¿qué tipo de relaciones se establecen con las obras que contiene?, ¿cómo se relaciona con el público y la ciudad que lo rodea?, ¿cómo lo recorre y lo consume críticamente el público que lo visita?

Jaime Iregui